Edwin R. Quiles Rodríguez

Pensar la ciudad posible y necesaria desde la crisis requiere una mezcla de análisis crítico e imaginación, unida a una mirada comprometida con las acciones colectivas, es decir, estar con un pié en la avenida y perderse con el otro en los callejones y procesos de la ciudad interior. Requiere estar en una actitud de diálogo continuo con las miradas alternativas y los proyectos de cambio, trabajar con respeto a la diversidad, la dignidad, al ambiente natural y edificado y actuar de manera creativa. Nos toca a los que viviendo, creando, pensando o apropiando lugares hacemos ciudad, poner el oído en tierra, estar atentos a los proyectos que surgen y cuajan desde la ciudadanía y que aunque todavía están a nivel individual y local, tienen la capacidad de repercutir en el desarrollo de proyectos a escala nacional  e inclusive planetaria. Solo así  podremos acompañar solidaria y profesionalmente a esta masa creadora que aspira a una ciudad más digna, vivible, accesible y participativa. La propuesta y el diseño, cuando surgen como parte de un proceso participativo, desde los espacios comunitarios, son herramientas de poder en la medida que propician y facilitan la inserción de los desaventajados en los espacios donde se toman decisiones y permiten a los subalternos tomar y poner en práctica sus propias decisiones e ideas y, ¿por qué no decirlo?, sus propios sueños.